dimarts, 22 de juny de 2010

TESOROS CASI DIVINOS

De niños la veíamos lejana aún.

Tan sólo nos preocupaba

el juego y crecíamos deprisa.

Bocadillos de Nocilla,

cromos de futbol

y partidos a miles.

Yo era siempre Julio Alberto.

Después la adolescencia

la vio posarse al final de la escalera.

Eran tiempos de reafirmación,

de contradicción, de rebeldía,

de amigos para siempre

e incluso de primeros versos toscos.

De amores idealizados,

de utopías hechas persona

y de primeras tentaciones.

Y al fin llegamos, años más tarde,

y descubrimos el compromiso,

la responsabilidad

y el valor de las personas.

Pero también el desengaño,

lo utópico de aquellas utopías

e incluso la muerte.

Pasamos de idealizar a Sid Vicious

a intentar entender a Leonard Cohen.

Hoy exhala sus últimos días,

y yo le escribo en cuartillas.

Me bloqueo a veces.

Las fotos me recuerdan

lo que ya no soy, lo que ayer fui

y lo que me ha hecho

ser tan yo en realidad.

Pero con la convicción

de haber sabido disfrutar de los tesoros

que supimos encontrar a veces,

que buscamos y no encontramos otras

y que también se nos plantaron

en frente cuando no los esperábamos.

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