dimecres, 23 de juny de 2010

AL-ANDALUS

Vestigios imponentes
dominan estas tierras,
sacros lugares nos atraen
como lo hacen con nostálgicos,
beatos y escépticos.
El presunto erudito
se siente minúsculo
ante el peso de los muros,
ante el paso de los siglos,
ante tal magnitud.

Nos perdemos
con la caída del sol
en angostos callejones
y en longevas alcazabas,
entre zíngaras que embaucan
al viajero despistado,
sefardíes que reclaman
su hueco en la memoria
y mercaderes de otros lares
que atestiguan un pasado.

Y sin más compañía
que la de la historia,
nos encontramos allí
donde la cruz es una más
en noche de cielo estrellado
y media luna posterior
al mágico atardecer,
pues es este un cielo diferente,
más cercano.
Y hoy me pregunto
en pleno y vertiginoso presente,
mientras corren los minutos
y los siglos aletargan:
¿qué extrañas gentes
hoy pueblan tus adarves?
¿qué será mañana
de los aceituneros altivos?
¿por dónde cabalgan
los jinetes ya muertos?
y ¿qué será, al fin y al cabo,
de las vastas, las grandes llanuras?

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