divendres, 18 de juny de 2010

CARTA A UNA MUSA

A ti, musa inconsciente,

a ti que por no saber,

o por mostrarte ajena,

te mantengo aún más presente.

Ajena a tu grandeza

te diviertes,

aunque a veces dudo

de tu inocencia, musa.

No es la tuya una gracia divina,

más bien es esta belleza terrenal

la que te hace insignificante al mundo,

pero especial a estos ojos cansados.

A ti, musa valiente,

te conservaría así,

intacta, pura ante mi,

pese a pagana en esencia,

sin más brillo

que el de los rayos del sol,

exceptuando mis pensamientos,

mis sueños de musa.

A ti, musa creciente,

te escribo en vasta incertidumbre,

entre teorías románticas

más propias de otros siglos.

Los días alargan tu sombra,

los sueños agrandan tu estrella

y las palabras te mantienen eterna.

Joven y eterna, musa.

A ti, musa mordiente,

te pido, sincero desde mi humilde pleitesía,

que mantengas tu signo,

aquel que te ha marcado hasta ahora.

Seguirás así, encandilando

a mi pluma, a mi papel, a mis ojos,

a mi pecho y a lo que éste guarda.

Seguirás así, latiendo inconsciente...

o latiendo consciente

con la comodidad de saberte musa.

A ti, musa...

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